Jorge Rodríguez

Campaña

14.jul.2014 / 03:13 pm / Haga un comentario

Caracas, 14 de julio de 2014.- En la plaza Diego Ibarra, miles de personas disfrutaron del último choque del Mundial que decretó a Alemania como campeón. El planeta entero estuvo expectante ayer, pues se estaba jugando la final de la Copa del Mundo Brasil 2014, el clímax del mayor suceso deportivo de la faz del orbe.

Caracas no fue ajena a la emoción que generó la culminación del torneo. Cuantiosas personas se congregaron en diversos puntos de la ciudad capital para ser testigos del épico duelo entre Alemania y Argentina, selecciones que se disputaban el máximo cetro del balompié internacional.

 En Plaza Venezuela y Chacaíto el ambiente fue de fiesta. Pantallas gigantes sirvieron para que el público pudiera presenciar el partido con comodidad. La Plaza Diego Ibarra fue otro punto de encuentro.

En sus espacios las miles de personas que fueron a ver el decisivo compromiso pudieron gozar de gran cantidad de atracciones. El reloj marcaba las 2:15 de la tarde, en un cuarto de hora iniciaba el choque, y ya la céntrica plaza caraqueña estaba abarrotada. Canchas de fútbol inflables, paredes para escalar, música en vivo y dos pantallas gigantes situadas a las caras este y sur de la Diego Ibarra, eran los elementos que adornaban la explanada que fueron facilitados por la Alcaldía de Caracas, el Gobierno del Distrito Capital, Mindeporte y CANTV.

Entre la muchedumbre abundaban franelas albicelestes, algo que denotaba que la mayoría del apoyo de los presentes estaba dirigido a Argentina. También era común, pero en menores cantidades que los colores suramericanos, las casacas alusivas al seleccionado bávaro. Algunos no traicionaron su amor a la camiseta vino tinto y la lucían esperanzados con verla en acción en Rusia 2018.

INICIÓ EL JUEGO Y TAMBIÉN EL JOLGORIO

El público clamaba con ansiedad el inicio del partido. A las 2:30 las mega pantallas reflejaron la señal de TVES y la voz del narrador César “Nanú” Díaz le daba la bienvenida a los televidentes. El bullicio era intenso en la plaza y la exuberancia de colores recordaba las gradas de un estadio.

En el juego entre gauchos y teutones también había vehemencia y energía. El público de la Diego Ibarra recompensaba el esfuerzo de los jugadores con vítores. Parecía poco importar que la acción se desarrollara a muchos kilómetros de distancia, en el Estadio Maracaná de Río de Janeiro, pues los asistentes vivían el juego con pasión.

 A los 30 minutos de partido el griterío alcanzó los decibeles más altos. Gonzalo Higuaín había marcado un tanto, pero los árbitros lo anularon correctamente al percatarse de que el delantero argentino estaba adelantado. Los lamentos llovieron sobre la plaza, aunque fue una tormenta que se apaciguó por las constantes arremetidas albicelestes.

La primera mitad del desafío había culminado sin goles y a mediados del segundo tiempo eran pocas las ocasiones peligrosas que generaban ambos conjuntos; eso hizo que la intensidad de la bulla bajara en la plaza. El silencio se había apoderado del espacio. Con el final de los 90 minutos reglamentarios y el inicio de la prórroga, el silencio se transformó en murmullos expectantes y no era para menos. El mundo iba a conocer a su campeón en tan solo media hora.

 Minuto 113 de juego, el que iba a decidir la historia. Un gol del alemán Mario Götze le daba la corona a Alemania. Tras la jugada, la plaza explotó con la algarabía de aficionados de los germanos. Al final los teutones levantaron la Copa y la fiesta siguió en la Diego Ibarra, que durante un mes acogió los clamores y lamentos de caraqueños amantes del fútbol.

 

Hacer un comentario.




Los comentarios expresados en esta página sólo representan la opinión de las personas que los emiten. Este sitio no se hace responsable por los mismos y se reserva el derecho de publicación.

Aquellos comentarios que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto y/o que atenten contra la dignidad de una persona o grupo social, este sitio se reservará el derecho de su publicación. Recuerde ser breve y conciso en sus planteamientos.