Jorge Rodríguez

Campaña

21.abr.2014 / 05:21 pm / Haga un comentario

Caracas, 11 de abril del 2013.- Justo en el centro de la populosa parroquia La Vega, se encuentra un Bulevar semi empedrado, al frente se ubica un espacio hecho para la cultura, las artes y la recreación. El lugar es conocido por los habitantes como “El Pequeño Teatro de La Vega”, el cual se inauguró el 5 de abril de 1992 durante un Festival de Teatro Internacional que se realizó en la ciudad capital. En sus inicios, la comunidad de la parroquia disfrutaba de obras, películas y exhibiciones culturales.

Pero la época de luz se apagó pronto. Luego de algunos años, el Teatro pasó a ser administrado por unos representantes comunitarios, quienes a medida que pasaba el tiempo, fueron desviando los intereses iníciales, privatizando el espacio.

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Desde ese momento y por 10 años más, el lugar se mantuvo entre la desidia, las malas costumbres, el cobro de vacunas a quienes lo necesitaban para reuniones, además servía para encuentros clandestinos de miembros del partido opositor Primera Justicia.

La comunidad despertó

La noche del 24 de julio del 2013, cinco ciudadanos preocupados por el estado interno y la privatización que tenía el Teatro, decidieron buscar soluciones que permitieran mejorar las condiciones de este lugar hecho para la cultura y la recreación.

 

Uno de esos líderes culturales de la parroquia es José Domador, quien recuerda aquel día claramente. “Este recinto estaba divorciado de su pueblo y desde aquel día, volvimos a ser sus dueños”, expresa Domador.

“Y ahora, estamos en las vísperas de recibir el Festival de Teatro Caracas 2014, evento importante del país en un lugar que genera conciencia”, dijo.

Samuel Rojas, mejor conocido como “El Chino”, es Patrimonio Cultural Viviente de la Comunidad desde el año 2011 y concuerda con el testimonio dado por su compañero de años.

Para Rojas, “el Pequeño Teatro de La Vega” debería llamarse desde ahora, Teatro de La Vega. “Tenemos en discusión en estos momentos el nombre que le adjudicaremos”, asegura y añade que su deseo es que los consejos comunales decían que nombre va a recibir.

Pero “El Chino” asegura que el Teatro no se convertirá en comida para hoy y hambre para mañana. “Después del Festival haremos reuniones y actividades que permitan captar la mayor cantidad de personas interesadas en aportar ideas y proyectos que permitan la armonía, una realidad que se mantiene en el tiempo”.

Un espacio proyectado para el futuro

Finalizado los trabajos de rehabilitación, el recinto cultural contará con 188 butacas cómodas para los presentes. La remoción incluye un lobby central, sala de exposición, un mejorado sistema eléctrico, camerinos para los artistas, salón de música, cafetería, un balcón para invitados especiales, espacios para las personas con diversidad funcional y un cómodo escenario donde pronto acudirán gran variedad de obras culturales.

 

Así lo dio a conocer Williams Ochoa, residente de la parroquia y jefe de la división de formación de la Fundación para la Cultura y las Artes (Fundarte), quien asegura que este espacio tendrá más utilidad que nunca justo después del Festival, porque ahí es donde se le dará continuidad a los trabajos.

“Este fue un trabajo de reconstrucción, no de rehabilitación, porque contó con una inversión aproximada de 5 mil 700 millones, esto se encontraba de manera precaria”, dijo el Jefe de la división de formación de Fundarte.

Rememoró aquel 19 de octubre, cuando el Alcalde de Caracas firmó los papeles a las antiguas dueñas del local, las hermanas Celeste Josefina, Dorila y Dolores Quintero. Aquél día, Rodríguez manifestó que estos “son sueños que se convierten en realidad”. Y desde el momento en que el Teatro reciba su primera obra del Festival, ese sueño será, después de 10 años, palpable y más real que nunca.

 

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